viernes, 13 de marzo de 2009

De Alas Malas IV





Sorbo a sorbo, este caldo enriquece mi cuerpo, que ya delira por su esfuerzo. Mirando al contenido de la cuchara sopera recuerdo mi pasado, tan lejano ahora tan próximo en una línea de vida. Recuerdo mis preocupaciones, como ocupaban mi cabeza minucias ahora convertidas pero partes intrínsecas de lo que fui y sigo siendo, porque un error se reconoce pero no se desecha. Me niego a desprender mi ser, me niego a transformarme, mutar, esa es otra cuestión. Empiezo a sentir como funciona mi cuerpo internamente, como destruye cada alimento para utilizar a su conveniencia, como torrentes me transitan distribuyendo la bien ganada energía. Y sigo recordando la niñez que ahora entra en mi puño apretado, corriendo aves que alguna vez soñé cabalgar y que ahora sueño ganar en carrera, y el sudor empieza a brotar de cada poro, y mi frente bañada no cesa de irradiar ese calor que me desprende los ojos de sus cuencas, y comienzo a ver blanco, porque para ver blanco hay que mezclar todos los colores, y todos los pensamientos y todas las intenciones, cuchara primero, plato después, y mi rostro besa el suelo regalando un buenas noches que no pude contener.

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